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Investigaciòn al dìa

Archivo: Junio 2008

29/06/2008 GMT 1

Identidad, cultura y resistencia

llormos @ 22:26

Está planteada una cultura de la sinceridad, de la ética
Identidad, cultura y resistencia
por María Isabel Maldonado*, Nelson Guzmán*

Si alguna vez en la historia de América un vocablo ha cobrado necesidad de discusión y de redefinición es el de identidad cultural. La vieja antropología colonialista estableció su cognomento teórico señalando un sentido a la historia: el progreso; éste necesitaba de todos los miasmas y de los poderes proteicos de que la historia tiene necesidad, uno de ellos la sangre. De nada podían importar las vidas de unos hombres despreciados por el discurso colonizador.
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25 de octubre de 2004

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Caracas (Venezuela)

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Venezuela

Johanna Calle , efluvios (fragmento), 2000-2004
La literatura clásica colonialista discutiría con fruición si los amerindios eran o no hombres, algo semejante se hizo a propósito de los africanos. Estábamos ante una historia que había nacido en el desparpajo, en la arena sinuosa. A partir de allí cobraba sentido la necesidad epistemológica y hermenéutica de definir y establecer una nueva lectura, estábamos ante una realidad compleja, y dentro de registros y códigos de saberes que habían sido dejados de lado. La historia era algo más que la interpretación occidental que declaraba la unicidad del conocimiento humano.

La historia nacía como homosemantema, el mestizaje habría de definir los vértices de la cultura nacional. La antropología declinaba la antigua aspiración cientista con que el discurso europeo pretendía definir lo diferente. América era una cultura de la desolación, de lo precario, Venezuela, en lo específico, había lamido el polvo de la derrota. Desde 1553 -fecha en la cual el Negro Miguel del Barrio inicia la rebelión de Buría y la resistencia ante el poder español- todo lo no Occidental había sido arrasado, el alma europea había decantado como atrasadas todas aquellas manifestaciones que no se le pareciesen, allí estaban dos mundos haciendo historia, uno irreconocible, renegado, y el otro victorioso. El esfuerzo no sólo parecía histórico concreto, sino imaginario, las ideas bárbaras debían ser barridas, civilizada el alma americana bastaba eliminar las aristas de lo diferente.

América nace parda, mestiza, capaz de conformarse así misma, pero también presenta la furia de una cultura y de un racismo que tratará de desdibujarla, de desaparecerla de la faz de la tierra. Las luchas no serían sólo en lo militar, sino en lo ideológico. Las nociones de tiempo, de espacio, de dioses, de adoración se hicieron diferentes. Nadie quiso adorar lo occidental, pero muchos hicieron el esfuerzo por parecérsele, había nacido un híbrido, estábamos ante la fogosidad de una historia, que la historiografía tradicional desfiguraría. Desde el evolucionismo, pasando por el marxismo, el funcionalismo, el estructuralismo etc., el texto antropológico rehace cómplice un paradigma de lectura.

El paradigma de la cultura ha obviado que la historia de estos pueblos ha sido sufragada en base a esclavitud, a tráfico de indígenas. La antropología sucumbirá al ideal de ciencia de Occidente y se desarrollará como una ciencia monográfica, baste tan sólo recordar la Escuela Británica. El interés era sólo clasificar, hacer accesible la cultura extraña, no había historia sino la que el colonizador señalara como cierta, y en ese espacio anhelante de América se iba a imponer el olvido. Se olvidó la tolerancia, la diferencia, el diálogo entre iguales. América no había sido otra cosa desde sus orígenes sino violencia, dilación, desesperanza. La riqueza cultural se defenestró por varias vías, una la del saber universitario presentido y seducido cada vez más por Occidente, y por otro lado la conducta del dominado, inconforme con sus haberes, por eso desde ese punto de nostalgias se le impondrá lo foráneo.

América subyuga, castra, envilece y cierne lo más preciado de que es propietaria, su cultura. Desde el presupuesto teórico de tierra arrasada irá quedando lo no reconocido. La civilidad se impone -desde adentro- en un esfuerzo de dominar mediante la cultura nuestra naturaleza, seguíamos trabajando con un discurso que nos segregaba desde lo más recóndito de nuestras entrañas. La muerte, el asalto, el exterminio sistemático dieron al traste con las poblaciones indígenas, desde allí el perdón se ha vuelto casi una sustancia imposible, el suelo se tiñó de sangre, de alaridos, sólo el retruécano de oraciones mal hechas podrían olvidar la desolación, la orfandad y la muerte que circundaron a América.

Nosotros somos frutos del olvido y de la desolación, acá se barbarizaron las lenguas aborígenes, se erradicaron del habla y de las neuronas los códigos de lo africano. Se había escrito un largo epitafio, desde Tierra de Fuego hasta Alaska al colonizador sólo parecía interesarle la tierra más no los hombres, por eso el crimen no habría de alarmar, la violación pasó por ser un acto cotidiano. La historia en términos de Jacques Poulain es el altar de las cosas que parecen imposibles, desde allí que se unificaría el discurso, uno solo habría de ser, el esfuerzo por retener lo propio pasó a ser confundido con barbarie, con primitivismo, con inexistencia; la soledad no llenó las heridas, habríamos de dormir sobre el dolor de la expulsión de lo propio y la apropiación de lo ajeno, éramos una mala copia de una sustancia platónica, sin esqueleto, invertebrada que había dejado el escándalo para sufragarse en las lágrimas de siempre.

El europeo se batió en estas tierras en la promesa de que un día no lejano regresaría a su paraíso a disfrutar de los placeres que concede el dinero y el poder, la geografía los barbarizó, las tinieblas y la boca de los cañones montañosos los inmergieron en el desacierto de buscar días y lunas que no existían, allí en esas tierras -donde su Dios no escuchaba el traquetear de sus arcabuces- cometieron crímenes, despoblaron, diezmaron poblaciones, la medida de aquello fueron sus ambiciones y la realización la esquizofrenia del poder.

Michael Foucault lo ha denominado poder-saber, la escuela y el psiquiátrico son la heredad de la dominación, lo diferente, lo confuso que surge en la palabra ha sido suprimido, sólo es conveniente el mundo de lo que se conoce. La historia ha apostado a la idea de normalidad, de equilibrio, todo aquello que irrumpió, que disintió, fue considerado como patológico, allí han estado siempre las armas de la medicina, del hospital psiquiátrico, de la escuela ejemplarizante y rígida para punir y controlar a tiempo cualquier acto desproporcionado.

La cultura fue convertida en un saco de gatos, en un almacigo de espectáculos sin coherencia y en el olvido más pertinaz, el país no ha sido capaz de crear una industria cultural de lo diferente, de desarrollar ese aullido de lobo y creaciones bisoñas que nacen en los barrios, en las parroquias, en los pueblos, ese espacio se le ha cedido a la televisión comercial, cuya labor nefasta ha sido crear veinticuatro millones de alienados, de masticadores de chiclets, de salvajes opiniátricos que no tienen comprensión de que el bienestar de lo público es el suyo.

La carne del joven lleva allí consigo el epitafio de la ramplonería que le instalaron en su epidermis las maquinitas de tatuar. Las referencias son la industria de la chatarra, no las grandes obras de lo internacional, hoy se baila como Shakira moviendo unas caderas proporcionadas al bostezo de los bisturís, traseros confeccionados dentro del malabarismo de la pornografía, pero más allá de esa panoplia, de esos resabios manidos porque no son sensualidad por lo mal presentados, por lo intrascendente del producto, subsiste un alma de lo exótico, de lo incandescente, de lo bien proporcionado, de la sensualidad y del placer a lo que no se le ha concedido el peso suficiente, allí está el erotismo del teatro popular, de la literatura tanto de la popular como de la formal, convocando excelentes jornadas al gusto exquisito, diferentes por supuesto a esa televisión de alcantarilla que son los medios audiovisuales que confunden libertad de expresión con bodrios, con mal gusto, con falta de sensibilidad, y con amarillismo.

Los periodistas han perdido la sindéresis, han olvidado los criterios de objetividad, siempre están en afán propagandístico ofreciendo información sin confirmar, cargada, convocante a la desobediencia y a la sangre, no escapan estos personajes a la opera bufa al confundir la conciencia colectiva, al declararse en guerra contra una democracia que ellos mismos pregonan, pero que a diferencia de la suya no se ciñe a sus principios, ese cuadro crea en la opinión pública el malestar, el miedo, el desaliento, la depresión, y un discurso más cerca de las pamplinadas que de la coherencia académica.

Muerte y orfandad
La rebelión, la insurrección y el motín constituyeron para la España de la colonización motivo suficiente para el exterminio legal o pasional, quien desobedeciera debía morir, el colonizador no hacía sino evangelizar y volver racionales a unos seres que no habían sido tocados por dicha excelencia. La conquista y colonización del Occidente de Venezuela nos presenta un complejo cuadro de violencia, la resistencia indígena fue infinita, allí quedaron extenuados y desaparecerían lenguas como la jirahara, el pueblo caquetío también sufriría el genocidio, así como también la sangre de hombres irreductibles como El Negro Miguel quedaría esparcida por los caminos. La violencia es de vieja data en nuestras tierras, las expediciones llegaron al territorio de la Capitanía General de Venezuela para civilizar, para fundar pueblos y no dejaron piedra sobre piedra.

América estaba comprometida a mantener avante la economía española, no debía importar el sacrificio, la conquista y la colonización habían sido empresas de sangre, en esas lides hacían causa común la espada con la religión, España no podía legarnos sino su latrocinio, las otras tesis no son sino simples fantasmagorías, aquí no vino la flor y nata de una metrópolis en crisis, después el entusiasmo del oro y la leyenda del Dorado deslizarían hasta nosotros unos cuantos letrados.

No caracterizó para nada el espíritu español de la época el refinamiento. A América se venía a hacer fortuna y ésta no llegaba de la probidad, por obra y gracia del espíritu Santo, sino del tráfico de negros, del contrabando humano, de la rapiña de metales preciosos, de la muerte y del exterminio sistemático de pueblos. Acá no sólo se liquidaron vidas, sino que se tasajeo el acerbo cultural de unos pueblos que consideraron inferiores.

La pedagogía era el exterminio, el racismo y la muerte. Desde Diego de Losada hasta Juan de Villegas no se expresa otra cosa que una voluntad de dominio, y la convicción de que América era un negocio. Las taras del colonialismo habrían de extenderse largo tiempo. Venezuela hasta bien entrado el siglo XX estaba conformada por pueblos incomunicados, rurales, de una modernidad insuficiente.

Las cosas no podían resolverse de otra forma sino como se había realizado hasta ahora, a plomo limpio. Venezuela siguió siendo un pueblo donde existían regiones aisladas, sin la menor señal del progreso. Acá se esperó en una especie de ritual de décadas que muriera Gómez para alcanzar la civilidad, las máculas del pasado parecen cernirse sobre nosotros, la lengua, la semántica son una especie de esquinas del miedo donde los hombres padecen el ostracismo, no hemos sido beneficiados del encanto de Dios, posiblemente por el hecho que somos engendros de distintos dioses.

En nosotros convergen no sólo un proceso de identidad cultural en donde los dioses se alcahuetean, sino un destino, si nos revisáramos tendríamos que expulsar -en el afán de ser auténticamente hijos del amo- a esa pléyade de entidades que nos pueblan, pero nadie podría hacerlo puesto que la identidad es una forma de vida, una percepción. La magia se ha apoderado de nosotros, somos lo fantasmal.

Posiblemente por no haber existido en el pasado sino como un centro de comercio se nos pretende reducir a una factoría petrolera. Esa matriz de pensamiento diseñó ciudades con grandes rascacielos que barrieron la naturaleza y la sustituyeron por una mueca diabólica que fue asemejándose de más en más al cine de ficción. El petróleo trajo como cultura: el perro caliente, el chiclet, los Quic, los McDonalds, Arturo’s, Papa Jhon’s, Pizza Hut, etc., se impuso la cultura de la frivolidad. La industria cultural había creado sus íconos.

Desde la primera y segunda Guerra Mundial con sus ídolos de cine se impuso la fuerza de los medios. Las guerras tenían en los medios sus santones. Los soldados norteamericanos deliraron con Marilyn Monroe. En la música, Serenata a la luz de la luna con Miller señaló un ítems, se había creado un lenguaje para exorcizar el mal, sólo que después los medios de comunicación fueron olvidando paso a paso la noble tarea que les tocaba: educar en positivo y fueron sembrando una pedagogía del dominio, una cultura del espectáculo, se vendieron presidentes como cepillos de dientes, la publicidad era solo eso fantasmagoría, la confianza fue desapareciendo hasta llegar a ser un bestiario de incongruencias, de políticas epilépticas en donde las alcaldías tienen el tupé en Venezuela de vacunar, de dirigir la policía y de administrar funciones de Estado.

Venezuela es un paraíso de desorden, de golpismo, de incongruencias, por todos lados se conspira sin la menor vergüenza. El Gobierno ha dado una lección de Estado, a cada sátira, a cada desobediencia, a cada iniquidad el Gobierno ha presentado como respuesta el poder del soberano, dos culturas están opuestas la mediática y la real, si vemos el televisor posiblemente después de cinco minutos saldremos de allí bajo la dosis del espanto, los males seculares de un país en crisis son atribuidos al gobierno, de ese pandemonium es imposible escapar sin entonar una carmañola tropical, sólo serán los hechos quienes impondrán su veredicto.

América, ni Venezuela han sido modelos de equidad, tomase un ejemplo, la empresa americana de colonización no le dio luz verde a los judíos, a los protestantes, a lo moros y a los nuevos convertidos, no podía esperarse más de una España inmersa en el oscurantismo, aquí se vino a saquear, a dominar y no a democratizar, no lo podía realizar un imperio atrasado que desaprovechó la gran oportunidad de desarrollar sus industrias al expulsar a los moros de Andalucía. Religión y monarquía marcharon al unísono, jamás existió un modelo de sociedad libre en América, menos en Venezuela, capitaneada por los viejos prejuicios seculares de los mantuanos, aquí todo era peligroso, estábamos ante una sociedad y una atmósfera opresiva.

América había sido una creación del imaginario español, a partir de allí se demonizó a los indígenas, sus formas culturales se fueron haciendo espectrales, cercanas al mal. En el tiempo nos hemos convertido en los albaceas de la catástrofe, los símbolos de la colonización del oprobio no se pueden seguir cargando con la cerviz doblada, ello implica asumir el riesgo de la fundación, podríamos decir ludificor ergo sum, es necesario ser víctimas de nuestra propia conciencia, de nuestras lecturas, se trata de refundar un mundo. De ese pandemonium de un país que ha caído en los sótanos a pesar de su petróleo solo nos queda preguntarnos dónde están los banqueros prófugos del presidente Caldera, la amante de Lusinchi, las chifladuras de Carlos Andrés Pérez.

Está planteada una cultura de la sinceridad, de la ética sí es que alguna vez algunos periodistas la aprendieron en los manuales que la Universidad les suministró. La primera pregunta sería, quiénes crearon este cascaron vacío que es el país, a quiénes correspondieron los crímenes de Jorge Rodríguez y las masacres de Cantaura por sólo mencionar algunas, hoy día el espanto no tiene nombre, si se trata de adversar al gobierno por el simple hecho de que no me dieron tal o cual cargo, bien, cada quien está en su derecho, pero les pediríamos que reediten el viejo género del diario confesional de Stendal, a pesar de la pudibundez, hay que sincerarse y no seguir conservando la antigua moral castiza en estos chaparrales, yo soy esto o aquello, pero lo insostenible es esa imagen de arcángeles que le luce chatas a quienes han usufructuado los proventos del Estado.

En el momento actual nadie es inocente, se impone la tesis habermasiana de la responsabilidad, se está construyendo el futuro y de eso somos responsables, no hay maneras, es necesario edificar una cultura una y múltiple (Efrain Hurtado), lo suficientemente laxa para que todos quepamos. Afortunadamente el pueblo ha respondido, antiguos ritos y religiones han insurgido y lo han realizado sin problemas, porque a pesar de la idea tecnicista que trataron de vendernos esos filósofos trasnochados de la derecha, aquí hemos comprendido desde hace tiempo que el principio sólido es la convivencia, se está defendiendo el futuro, nadie podrá desarrollarnos sino nosotros mismos.

La literatura, el arte, la novela, las artes musicales son productos -y así debe reafirmarse- de nuestros creadores, todo esto en síntesis con lo foráneo, pues la cultura no es propiedad de nadie, los pueblos la tienen en su interior, en sus tuétanos. El estructuralismo rescató la idea nada despreciable del mito, del inconsciente colectivo, desde allí en una síntesis estructural entre Jung y la antropología se definió un camino que debía reivindicar al hombre, a los pueblos, pues han sido como lo dijo Frank Fanon los grandes condenados de la tierra.

Bibliografía

Agudo Freites, Raúl. Miguel de Buría. Alfadil Ediciones, Caracas. 1991
Fanon, Frantz. Dialéctica de la liberación. Edit. Cienfuegos, Uruguay. 1971
Straka, Tomás. La voz de los vencidos. Ediciones de la CEPFHE, Caracas. 2000
Marina, José. Crónicas de la ultramodernidad. Edit. Anagrama, Barcelona. 2000
Foucault, Michel. La arqueología del saber. Siglo Veintiuno Editores, Barcelona. 1999

María Isabel Maldonado
Licenciada en Filosofía y Magíster en Filosofía

Nelson Guzmán
PhD en Ciencias Sociales y en Filosofía, Profesor de pre y posgrado de la UCV.

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Toma de decisiones

llormos @ 22:17

La Incertidumbre y la toma de Decisiones
¿Cómo podemos manejar situaciones inciertas y altamente complejas, donde las señales no son claras y sí difíciles de interpretar? ¿Cómo podemos dejar de conducir nuestro vehículo mirando por el espejo retrovisor (contabilidad tradicional) y empezar a conducir mirando hacia adelante?

En un principio, la Planificación Estratégica y las técnicas de Análisis Competitivo ayudaron a dar repuesta a las organizaciones bajando el nivel de incertidumbre en la toma de decisiones al proveer de un mecanismo estructurado de análisis y diseño de acciones. Sin embargo, este proceso ya no es suficiente por sí solo para los niveles de incertidumbre y velocidad de los cambios que hoy en día enfrentan las organizaciones.

Las personas cuando están involucradas en un proceso de Planificación Estratégica tienden a comportarse bajo dos supuestos implícitos:

- que para determinadas circunstancias competitivas, existe una y solo una estrategia correcta, 'la estrategia';
- que las circunstancias competitivas son de dos tipos, las que conocemos y las que no conocemos. Estas últimas son típicamente ignoradas ya que se argumenta que 'no hay mucho que podamos hacer sobre algo que desconocemos'.

Ambos supuestos son inapropiados y poco prácticos para la realidad actual de negocios. Necesitamos mecanismos que permitan mejorar nuestro manejo de la incertidumbre y que nos permitan mirar hacia el futuro, precisamente donde el mundo es más incierto. ¿Alguien piensa que los próximos 20 años serán menos turbulentos que los últimos 20?.

La Planificación por Escenarios

Los escenarios son instrumentos que mejoran nuestra percepción. Son instrumentos creados para la generación de 'conversación estratégica' dentro de la organización, reconociendo que la Estrategia no es un evento anual si no un proceso vivo y permanente. Esta es la consecuencia lógica de introducir explícitamente la incertidumbre, invalidando el concepto de 'la mejor estrategia'. Las decisiones estratégicas no son hechas una vez y para siempre si no que deben ser constantemente evaluadas y revisadas. Lo que puede parecer mejor hoy puede parecer lejos del óptimo mañana.

Los escenarios elaboran sobre dos dominios: el mundo de los hechos y datos, y el mundo de las percepciones. Exploran los datos para crear o cambiar percepciones en las cabezas de los que toman decisiones permitiéndoles re-percibir el comportamiento del mundo y de su organización. Los escenarios pueden organizar información de una forma efectiva, traduciendo información política, social, ambiental, competitiva, económica, tecnológica, en un marco de referencia para el ensayo mental de las decisiones de corto y largo plazo.

Los escenarios incorporan la incertidumbre estructurándola e interpretándola, no por el mero análisis de correlación entre variables, si no que a través de crear un número reducido de 'avenidas hacia el futuro' que son consistentes internamente, y por lo tanto posibles. No son pronósticos o predicciones de las cuales una es la más probable. Los escenarios describen diferentes futuros, todos posibles.

A través de presentar otras maneras de interpretar el mundo, los escenarios permiten que los tomadores de decisiones puedan romper sus pardigmas actuales dándoles un preciado regalo: la habilidad para re-interpretar los acontecimientos.

11/06/2008 GMT 1

Investigaciòn Cualitativa Vs Cuantitativa

llormos @ 14:49

INVESTIGACION CUALITATIVA VS CUANTITATIVA

El objetivo de cualquier ciencia es adquirir conocimientos y la elección del método adecuado que nos permita conocer la realidad es por tanto fundamental1. El problema surge al aceptar como ciertos los conocimientos erróneos o viceversa. Los métodos inductivos y deductivos tienen objetivos diferentes y podrían ser resumidos como desarrollo de la teoría y análisis de la teoría respectivamente. Los métodos inductivos están generalmente asociados con la investigación cualitativa mientras que el método deductivo está asociado frecuentemente con la investigación cuantitativa.
Los científicos sociales en salud que utilizan abordajes cualitativos enfrentan en la actualidad problemas epistemológicos y metodológicos que tienen que ver con el poder y la ética en la generación de datos así como con la validez externa de los mismos.
La investigación cuantitativa es aquella en la que se recogen y analizan datos cuantitativos sobre variables. La investigación cualitativa evita la cuantificación. Los investigadores cualitativos hacen registros narrativos de los fenómenos que son estudiados mediante técnicas como la observación participante y las entrevistas no estructuradas, La diferencia fundamental entre ambas metodologías es que la cuantitativa estudia la asociación o relación entre variables cuantificadas y la cualitativa lo hace en contextos estructurales y situacionales4. La investigación cualitativa trata de identificar la naturaleza profunda de las realidades, su sistema de relaciones, su estructura dinámica. La investigación cuantitativa trata de determinar la fuerza de asociación o correlación entre variables, la generalización y objetivación de los resultados a través de una muestra para hacer inferencia a una población de la cual toda muestra procede. Tras el estudio de la asociación o correlación pretende, a su vez, hacer inferencia causal que explique por qué las cosas suceden o no de una forma determinada.
Las diferencias más ostensibles entre ambas metodologías se Los fundamentos de la metodología cuantitativa podemos encontrarlos en el positivismo que surge en el primer tercio del siglo XIX como una reacción ante el empirismo que se dedicaba a recoger datos sin introducir los conocimientos más allá del campo de la observación. Alguno de los científicos de esta época dedicados a temas relacionados con las ciencias de la salud son Pasteur y Claude Bernard, siendo este último el que propuso la experimentación en medicina1. A principios del siglo XX, surge el neopositivismo o positivismo lógico siendo una de las aportaciones más importantes la inducción probabilística. La clave del positivismo lógico consiste en contrastar hipótesis probabilísticamente y en caso de ser aceptadas y demostradas en circunstancias distintas, a partir de ellas elaborar teorías generales. La estadística dispone de instrumentos cuantitativos para contrastar estas hipótesis y poder aceptarlas o rechazarlas con una seguridad determinada7. Por tanto el método científico, tras una observación, genera una hipótesis que contrasta y emite posteriormente unas conclusiones derivadas de dicho contraste de hipótesis. El contrastar una hipótesis repetidamente verificada no da absoluta garantía de su generalización ya que, como señala Karl Popper, no se dispone de ningún método capaz de garantizar que la generalización de una hipótesis sea válida8. Con el ejemplo de los cisnes, K. Popper rebatía las tesis neopositivistas sobre la generalización de las hipótesis9... "todos los cisnes de Austria eran blancos... no se dispone de datos sobre el color de los cisnes fuera de Austria..., todos los cisnes son blancos...". En el momento actual no hay ningún método que garantice que la generalización de una hipótesis sea válida, pero sí se puede rebatir una hipótesis con una sola evidencia en contra de ella. Es por ello que la ciencia, como señala K. Popper "busca explicaciones cada vez mejores".

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